Monday, April 26, 2021

Mucho antes de ser un famoso astrónomo y divulgador, el pequeño Carl Sagan observaba fascinado los dioramas del Museo Americano de Historia Natural en Nueva York. Mientras, en el sur de Inglaterra,  una niña llamada Jane Goodall leía las aventuras de Tarzán que la inspirarían para viajar a África, donde luego estudiaría a los chimpancés durante décadas. Y no lejos de allí, en Londres, Oliver Sacks —quién se  convertiría en un famoso neurólogo y escritor—  descubría siendo niño su pasión por la ciencia gracias a los experimentos y explicaciones de su tío Dave, dueño de una fábrica de bombillas.

Si bien la escuela juega un papel crucial en la educación, el proceso de aprendizaje tiene lugar a lo largo de toda la vida y en diversos contextos.

La educación no formal, como las actividades educativas organizadas por museos, es una educación estructurada —con objetivos didácticos y una planificación asociada— pero que, a diferencia de la educación formal (como la impartida en los centros educativos),  no está reglada y suele tener lugar en un contexto extraescolar. Por su parte, la educación informal es aquella que se obtiene de manera casual en las actividades de la vida cotidiana (por ej. leyendo un libro o viendo un programa de TV).  

La diferencia entre estas categorías, y especialmente entre la educación informal y no formal,  no siempre es clara, pero el concepto de aprendizaje permanente y el potencial de vincular los diferentes contextos de aprendizaje tiene un papel cada vez más importante en el ámbito de la educación (1, 2). La nueva Ley de Educación (LOMLOE) también hace referencia a esta idea en su artículo 5: “Se promoverá la articulación y complementariedad de la educación formal y no formal con el propósito de que esta contribuya a la adquisición de competencias para un pleno desarrollo de la personalidad”.
Conocer el impacto de las actividades de educación no formal plantea un importante reto por las propias características de estos programas. A pesar de ello, cada vez existen más pruebas relacionadas con los efectos positivos de acciones concretas y sobre las características que pueden hacer que estos programas educativos no formales sean más efectivos (3, 4, 5, 6, 7).

Además, mientras que una única experiencia puede no tener un resultado inmediatamente reconocible, puede servir para orientar, inspirar o motivar a un joven a estar abierto a nuevas experiencias.

La riqueza de entornos de aprendizaje puede ser especialmente útil en el caso de las ciencias, donde resulta importante no solo adquirir ciertos conocimientos, sino desarrollar actitudes, emociones e identidades positivas relacionadas con la ciencia; aprender prácticas científicas; y comprender tanto las explicaciones científicas del mundo natural como el contexto social e histórico de la ciencia. En este sentido,  las iniciativas de aprendizaje no formal pueden estimular el interés por la ciencia, desarrollar el conocimiento científico y las habilidades de los alumnos y, quizás lo más importante, ayudar a las personas a sentirse más cómodas y seguras en su relación con la ciencia. (5, 8, 9).

Por otro lado, mientras que fomentar el interés por la ciencia y la tecnología en el ámbito escolar parece no ser suficiente para estimular a los jóvenes a continuar su carrera académica y profesional en el ámbito STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas por sus siglas en inglés) (10, 11, 12), la participación en actividades de educación no formal e informal puede tener un impacto positivo también en este sentido (13, 14). En nuestro país, un estudio llevado a cabo por FECYT, everis y Fundación La Caixa (15) encontró que la participación en dos actividades de divulgación científica (un taller llevado a cabo en CosmoCaixa y una charla impartida por un profesional STEM) ya tenía un impacto positivo y significativo en el interés por estudiar STEM de los jóvenes. Este impacto era mayor en jóvenes procedentes de entornos socioeconómicamente menos favorecidos y alumnado  con un menor rendimiento académico en las asignaturas STEM, lo que apoya las conclusiones de otros estudios sobre que estas experiencias pueden brindar oportunidades para involucrar a los estudiantes que provienen de comunidades históricamente subrepresentadas en las ciencias y reducir la brecha de rendimiento entre los jóvenes de familias de ingresos bajos y altos. (5)

Al conectar al alumnado con distintos contextos educativos y personas podemos apoyar un aprendizaje de las áreas STEM de mayor impacto (16), por lo que la participación de los centros educativos en actividades de educación no formal puede tener efectos positivos en el alumnado. Los resultados de PISA (17) muestran que, en la mayoría de los países, las actividades extracurriculares de ciencia en la escuela están relacionadas con un mejor desempeño de los estudiantes, una mayor confianza en sus habilidades para manejar tareas relacionadas con las ciencias (autoeficacia) y un mayor disfrute del aprendizaje de las ciencias. Y, en muchos países, esto ocurre incluso después de tener en cuenta el entorno socioeconómico tanto de los estudiantes como de las escuelas. Así mismo, en los países de la OCDE, los estudiantes que asisten a escuelas que ofrecen actividades extracurriculares relacionadas con la ciencia tienen creencias epistémicas más sólidas, como entender que las ideas científicas a veces cambian.

Si bien en nuestro país cada vez existe una mayor oferta de este tipo de programas por parte de diversas entidades, no todos los colectivos participan en ellas de forma equitativa, lo que señala la necesidad de trabajar en un enfoque más inclusivo en su diseño.  En este sentido, el papel de los centros educativos también puede ser decisivo por su capacidad para acercar estos entornos de aprendizaje a todo tipo de alumnado. El hecho de que estas actividades no estén integradas por igual en el proyecto educativo de todos los centros, o que lo estén únicamente como actividad extraescolar con un coste añadido, puede aumentar la brecha entre estudiantes de diferentes niveles socioeconómicos o educativos que no cuentan con un acceso igualitario a ellas (18, 19, 20). A este respecto, el mismo informe PISA muestra que estas actividades se ofrecen con más frecuencia en las escuelas favorecidas que en las desfavorecidas, en  las escuelas urbanas que en las rurales y en las privadas que en las públicas.

Ampliar las oportunidades de relacionarse con la ciencia o con las personas que trabajan en ella permite mejorar el aprendizaje en este ámbito y hacerlo para una mayor diversidad de personas con intereses distintos.

Claves para el aula: 

1. Dar la oportunidad de participar en actividades que involucren a la juventud intelectual, social y emocionalmente.
2. Responder a los intereses, experiencias y cultura de los jóvenes. Hacer que el contenido sea relevante para la vida cotidiana de quien participe: conectar el contenido de la ciencia con lo que saben y con sus propias experiencias.
3. Ofrecer a tus estudiantes  oportunidades de tener éxito y de reconocer sus propias habilidades.
4. Mostrar que la ciencia es algo que todas las personas pueden hacer. Desafiar los estereotipos y mostrar roles diversos, con los que se puedan identificar o con quienes puedan conectar, que utilizan la ciencia en su vida o en su trabajo.
5. Ayudar al alumnado a seguir haciendo conexiones científicas en su vida cotidiana, conectando el aprendizaje en la escuela con  las familias, las actividades fuera de la escuela y otros contextos.

Autor/a/es/as: 
Cintia Refojo
Cintia Refojo

Licenciada en Psicología (UAM) y título de Experto Universitario en Periodismo Científico y Comunicación de la Ciencia. Responsable de la Unidad de Educación de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), coordinando y gestionando programas enfocados a la promoción de la cultura científica, la educación STEM, la mejora de la enseñanza de las ciencias y el fomento de las vocaciones científicas entre los jóvenes. En el ámbito europeo ha sido punto nacional de contacto del proyecto de la Comisión Europea Scientix: la comunidad para la enseñanza de las ciencias en Europa, y miembro del hub español de Hypatia, proyecto del programa Horizonte 2020 dirigido a fomentar el interés de las adolescentes hacia las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM).

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