
Hasta la década de los noventa, ha existido en la empresa española un
notable desconocimiento sobre el potencial de la Vigilancia Tecnológica,
con la excepción de los sectores farmacéutico y petroquímico. En un estudio multisectorial coordinado por la Fundación "Empresa i
Ciencia" de la
Universidad Autónoma de Barcelona (1996), se confirmaba que
"la empresa española es menos activa en I+D+I que sus competidores
extranjeros" y que "en su organización interna dominan las formas
burocráticas, centralizadas y jerarquizadas", factores todos ellos poco
favorables para propiciar la práctica y el interés por
La situación de la vigilancia a nivel nacional ha ido pareja a la descrita
para
En la actualidad, la mayoría de las empresas españolas no llevan a cabo Vigilancia Tecnológica de forma sistemática. Postigo (2000) observó que "tres cuartas partes de las empresas supervisan el entorno competitivo de forma informal o esporádica" y que "a pesar del creciente interés en el área, la Inteligencia Competitiva entendida como una disciplina comercial no es popular en España". De los diferentes estudios realizados se puede definir una relación entre el tamaño de la empresa y la existencia de servicios de información. Cuánto más pequeña es la compañía más débil es el nivel de actividad de vigilancia. Por otro lado, las empresas más grandes tienden a contratar de manera externa estos servicios. Un reciente estudio llevado a cabo por Tena y Comai (2003) revela que aproximadamente la mitad de las multinacionales están usando programas coordinados para recuperar, clasificar, analizar y distribuir información. Además, del estudio también se desprende que la mayoría de estas acciones se están realizando, principalmente, dentro del departamento de marketing de cada negocio.
Las empresas de servicios públicos, sociales y colectivos son las más innovadoras de España, según datos recogidos del Instituto Nacional de Estadística (INE) durante el año 2004. En segundo lugar encontramos a las compañías dedicadas a los servicios a empresas seguida de empresas del sector I+D e informática. En oposición a este grupo, las empresas menos innovadoras están relacionadas con actividades extractivas, alimentación, bebidas y tabaco, y textiles.

Fuente: INE
La industria española está basada fundamentalmente en pequeñas y medianas empresas (PYMES). Esta estructura ha dado lugar a un gran número de asociaciones sectoriales que unen a empresas del mismo sector o industria y que proporciona una amplia gama de servicios de información. La Fundación ASCAMM constituye un ejemplo de este tipo de vigilancia con el objetivo de ayudar a las empresas industriales del sector de moldes y plásticos, en particular a las Pymes, a mejorar su competitividad por la vía de la innovación tecnológica y la transferencia del conocimiento. Otro ejemplo es AIDIMA, una Asociación de investigación y desarrollo en la industria del mueble y afines que proporciona servicios de información para sus más de 600 socios.

Fuente: INE
Como se desprende del gráfico Madrid, Cataluña, País Vasco y Andalucía fueron las cuatro regiones que más dinero destinaron a la innovación frente a las cuatro con menores valores -La Rioja, Cantabria, Ceuta y Melilla-, durante el año 2004. Resulta interesante señalar que en comunidades como País Vasco, Andalucía o Comunidad Valenciana, entre otras, la inversión fue mayor en empresas pequeñas (menos de 250 empleados).
Algunas Comunidades Autónomas españolas cuentan con servicios gubernamentales de Vigilancia Tecnológica. Un caso interesante es de Zaintek en el País Vasco, que ofrece diversos servicios de información como dosieres de prensa, subvenciones, informes tecnológicos y sectoriales. El modelo que siguen constituye una referencia para otros proyectos similares a desarrollar en otras comunidades.
Fuente
Instituto Nacional de
Estadística
Tena Millán, Joaquín y Comai, Alessandro.
"El desarrollo de