Especiales Tecnociencia  
Diciembre 2003
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1. Introducción

Fuentes:

Guns, Germs and Steel. A short history of everybody for the last 13,000 years. Jared Diamond, 1998, Vintage U.K. Random House
Perspectiva Histórica de la Biotecnología Vegetal
La Mejora Genética Animal en la Segunda Mitad del Siglo XX

Defining the Green Revolution. Walt Parks. UGA Crop & Soil Science. Presentación Power Point
Livestock improvement Schemes

El enorme avance de la investigación biotecnológica en los últimos años ha permitido desarrollar técnicas que permiten introducir o eliminar un gen o determinados tipos de genes de forma específica en el genoma de un organismo, para producir seres vivos (animales, plantas, microorganismos) con nuevas y mejores características. Este tipo de manipulación denominada INGENIERÍA GENÉTICA ha dado lugar a los Organismos Genéticamente Modificados (OGM), que son objeto de una acalorada polémica. Especialmente en lo que se refiere a su introducción en alimentos destinados al consumo humano. La controversia sobre las ventajas e inconvenientes que implica la obtención de especies mejoradas por manipulación genética tiene lugar a todos los niveles, desde la comunidad científica hasta las personas de a pie, pasando por los responsables gubernamentales y por supuesto, las empresas con o sin intereses económicos en la cuestión.

Si hacemos un poco de historia, se observa que la mejora de los cultivos y del ganado por intervención humana no es una novedad. Hace miles de años, el hombre abandonó la vida nómada y su actividad como cazador-recolector, adoptando otra estrategia de alimentación: la agricultura y la ganadería. Este cambio de actividad se basó en la "domesticación" de aquellas plantas o animales que mejor cubrían sus necesidades.

En el caso de los cultivos, se partió de especies silvestres y se fueron seleccionando aquellas que cumplían ciertas características, como crecimiento más rápido, resistencia a plagas y enfermedades, semillas más grandes, frutos más dulces, buena adaptación al medio, etc. En muchos casos la selección fue accidental, a menudo debida a una mutación genética sufrida por la propia planta que le confería características deseables para el agricultor. En el trigo silvestre, por ejemplo, las semillas crecen en la espiga y caen de la planta espontáneamente siendo, pues, capaces de germinar y dar lugar a más individuos de esa variedad. Accidentalmente, y a causa de una mutación genética, apareció una nueva variedad cuyas semillas no se desprendían sino que permanecian en la planta, por lo que nunca llegarían a germinar y dar lugar a más individuos de esa variedad. Esta mutación era letal para la planta, pero resultó ser la más conveniente para el hombre, ya que podía recoger esas semillas para alimentarse y sembrarlas la temporada siguiente. En sucesivas cosechas, el hombre continuó recogiendo y sembrando aquellas semillas que permanecían en la planta. De esta forma, una variedad que, por selección natural, era inviable se convirtió en un cultivo de fundamental importancia.

La práctica de la ganadería fue posible gracias a la domesticación de animales silvestres que se caracterizaban por ser mansos, gregarios (formaban rebaños), tener una dieta sencilla y barata (basicamente animales herbívoros y omnívoros) y por reproducirse en cautividad. Esta última característica permitía mejorar las propiedades del animal mediante cruzamientos entre individuos que presentaran características deseables, como mayor producción de leche o carne o más fuerza y resistencia. La domesticación supuso aplicar un proceso de mejora que permitiera transformar los animales salvajes en animales más útiles para el hombre, y conllevó diferencias (en algunos casos importantes) entre el animal doméstico y su ancestro salvaje.

El desarrollo exitoso de una sociedad se basa en su capacidad para producir, almacenar y distribuir alimentos, lo cual implica aumentar el rendimiento de los cultivos y del ganado. Durante siglos, la intuición fue la herramienta aplicada a la selección de cultivos o de animales que ofrecían mayores rendimientos. Los cambios importantes llegaron a principios del siglo XIX, impulsados por el avance de varias ciencias biológicas y por el incremento de la población, que demandaba un aumento paralelo de la producción de alimentos. El conocimiento de que las plantas tienen sexo, el redescubrimiento de las leyes de Mendel y los trabajos de Robert Bakewell, considerado el pionero de la mejora clásica animal, desbancaron la mejora empírica para dar paso a la aplicación del método científico. En plantas, se incorpora la técnica del cruzamiento artificial entre variedades y especies distintas de una manera sistematizada (fitomejoramiento), con el objeto de conseguir variedades que incorporen los genes que inducen las propiedades deseadas. En el ganado, se impulsó la sistematización de los procedimientos utilizados en la mejora de las propiedades del ganado. Robert Bakewell llevo a cabo cruzamientos entre animales de una línea de descendencia determinada para perpetuar los caracteres deseados. Sus métodos fueron aplicados durante largo tiempo.

Las condiciones tradicionales agrícolas y de explotación ganadera de principios del siglo XX, no hubieran podido satisfacer el aumento de la demanda de alimentos ocasionado por los cambios en los hábitos de la población y su continuo incremento, así como por el abandono de las zonas rurales hacia las ciudades. Resultaba imprescindible buscar alternativas que conllevaran un aumento en la producción. Para ello, y en el caso de la ganadería, se aplicaron sofisticados métodos de explotación ganadera y programas concretos de mejora genética (selección y cruzamiento). En la agricultura, el aumento de producción se consiguió gracias a la mecanización junto con el cultivo de nuevas variedades híbridas de alto rendimiento, métodos de cultivo intensivo y el empleo masivo de fertilizantes, plaguicidas y herbicidas. Este proceso conocido como La Revolución Verde, contribuyó a la seguridad alimentaria y a la lucha contra el hambre en varias regiones del globo.

No obstante, este incremento de la producción animal y vegetal ha traido consigo otros problemas. En el ganado, han aparecido nuevas enfermedades a consecuencia de su hacinamiento en las explotaciones modernas. A éstos, hay que añadir los problemas derivados de la composición de los piensos empleados en su alimentación (que tiene como ejemplo claro la enfermedad de las vacas locas o encefalopatía espongiforme bovina) así como del empleo de sustancias para acelerar el crecimiento o prevenir infecciones, como los antibióticos y algunas hormonas.

En cuanto a la agricultura, la Revolución Verde ha supuesto la sobreexplotación del suelo y, en muchas zonas, la pérdida de suelo cultivable por erosión. Además, el uso excesivo de abonos nitrogenados, pesticidas y plaguicidas ha contaminado tanto el suelo como el agua. Ésta es cada vez más escasa, debido al gran uso que hacen de ella las prácticas agrícolas actuales. La contaminación por pesticidas y plaguicidas también llega a los consumidores, a traves de los productos frescos (frutas y hortalizas)

Otro problema derivado del fitomejoramiento es, que las variedades de alto rendimiento han desplazado a las variedades locales, de modo que se acentúa la tendencia a la pérdida de biodiversidad de plantas de cultivo y por tanto se disminuye la variabilidad genética tan necesaria en la Mejora Genética Tradicional. Conservar los recursos fitogenéticos es muy importante, ya que la Mejora Genética Tradicional se basa en encontrar variedades vegetales que contengan los genes determinantes de características deseables, para incorporarlas mediante cruzamientos al cultivo que deseamos mejorar.

¿A donde queremos llegar con todo lo dicho anteriormente? Parece que los métodos propuestos por la Revolución Verde para aumentar la productividad de los cultivos y cubrir así las necesidades de alimentación de la Humanidad han tocado techo. No es posible aumentar la superficie cultivable, la escasez de agua empuja a usos más eficientes de la misma y las variedades vegetales de la Revolución están al límite de su productividad. Además, la Revolución no tuvo en cuenta cultivos autóctonos de los que subsisten miles de personas, ni tampoco consiguió erradicar el hambre de las zonas en las que, por desgracia, es endémico.

Es pues necesario conseguir la producción de mayor cantidad de alimentos por otros medios, conservando los ecosistemas agrarios y silvestres y sin dejar de proteger el medio ambiente de la contaminación que introducen abonos, pesticidas y plaguicidas. Aquí es donde la biotecnología, junto con la mejora genética tradicional juega un papel clave como técnica para conseguir una mayor producción de alimentos. Y justo aquí se abre el debate sobre su utilización para conseguir una "revolución permanente" que permita alimentar a una humanidad cada vez más populosa.

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