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De forma similar al empleo de las armas químicas, el empleo de
las armas biológicas no es algo que se haya originado en los últimos
tiempos, sino que se remonta a épocas muy anteriores.
La primera documentación
data del siglo VI antes de Cristo. Los asirios envenenaron los
pozos de agua del enemigo con ergotamina, producida por el cornezuelo
del centeno. Esta toxina produce efectos gastrointestinales
severos.
La Peste Negra que diezmó Europa durante la Edad Media pudo haber
pasado a Europa a través de los supervivientes de Kaffa (Crimea).
Parece ser, que durante el asedio de esta ciudad por los Tártaros,
éstos tuvieron un brote de peste. En un intento para que la plaza
se rindiese, lanzaron los cadáveres dentro de la cuidad. Esto originó
una terrible epidemia que dio como resultado la rendición de la
plaza.
También existe documentación del uso de la viruela
como arma biológica. El Ejército Británico
utilizó ropas infectadas de viruela frente a los nativos
americanos que militaban con los franceses durante la Guerra
de Francia con los indios. El Ejército americano durante
el sometimiento de los indios en las grandes llanuras, usó
mantas infectadas con viruela con resultados devastadores. |
Japón también utilizó bombas que contenían
material contaminado de peste y tifus en la campaña contra Corea
y Manchuria. En épocas muy recientes como en la Guerra del Golfo,
los iraquís utilizaron material biológico, agentes del Anthrax,
toxinas botulíticas y el Clostridium perfringens.
Finalmente, en 1972 se firmó el acuerdo que prohibía
la producción y almacenamiento de armas y toxinas biológicas
(BTWC). Este acuerdo se firmó simultáneamente
en Londres, Moscú y Washington. Hasta la fecha actual,
este acuerdo lo han firmado además de Estados Unidos,
Gran Bretaña y la URSS, 130 estados de todo el mundo. |
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Este documento ha sido elaborado a
partir del Hanbook
"Medical Management of Biological Casualties" Editado
por U.S. Army Medial Research, Institute of Infectious Diseases,
1999
Muchas bacterias, virus y toxinas han
sido mencionadas en varias fuentes de la literatura como posibles
agentes biológicos utilizados en la guerra biológica.
A pesar de que cada uno de estos organismos tienen características
muy diferentes, algunos comparten características comunes:
1.- Se pueden dispersar en aerosoles (partículas
sólidas o líquidas disueltas en un gas), de
forma que pueden permanecer suspendidos bajo ciertas condiciones
climatológicas durante horas, pudiendo ser inhaladas
por la víctimas a través del sistema respiratorio.
Los aerosoles pueden dispersarse con tecnologías muy
simples, incluyendo sprays industriales que pueden generar
un tamaño de partícula más pequeña.
La forma en que estos aerosoles se pueden difundir es a través
de aviones, barcos, y armamento militar
2.- Las condiciones climatológicas son un factor clave
en la expansión de los agentes. La velocidad del viento
suele ser más baja durante la noche y la madrugada,
lo que presenta una situación ideal para la dispersión
de los aerosoles.
3.- Otra posible fuente de contagio de los agentes biológicos
es por ingestión de los mismos, a través de
alimentos o aguas contaminadas. En general, esta forma de
contaminación presenta menor importancia que la trasmitida
por vía respiratoria.
El impacto potencial de las armas biológicas está
perfectamente ilustrado en la publicación de 1970 "Health
Aspects of Chemical and Biological Weapons" de la
"Organización
Mundial de la Salud". Se estima que 50 Kg de esporas
de Bacillus Anthrax por ejemplo, expandido en 2 Km a una población
de 500.000 personas no protegidas, en condiciones meteorológicas
ideales, puede viajar hasta 20 Km y afectar hasta 1.250.000
cuando pasa la nube. Por tanto, una ofensiva con armas biológicas
de ciertos organismos biológicos, bajo condiciones
meteorológicas propicias, puede ser realmente un arma
de destrucción en masa.
Además, es necesario considerar el impacto desbordante
en los sistemas sanitarios de un país cuando se origina
un ataque de estas características (escasez de medicamentos,
colapso en los hospitales y centros de salud, aumento de las
medidas profilácticas) y, por último, el pánico
que se desencadena por parte de la población civil
en estas circunstancias, lo que contribuye aún más
a colapsar el sistema de salud.
La respuesta médica al tratamiento de un ataque biológico
puede ser diferente dependiendo de si es antes de la exposición
o si ésta ya ha tenido lugar. En el primer caso, una
inmunización activa o profilaxis con antibióticos
puede prevenir la enfermedad cuando ocurre la exposición.
En el segundo caso, inmunización activa o pasiva,
así como un tratamiento con antibióticos
o antivirales mejora los síntomas. Existen excelentes
vacunas y antitoxinas para la mayoría de los agentes
biológicos y actualmente se siguen desarrollando más.
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