¿Es necesario hablar de medio ambiente cuando
queremos decir "energía"? Indudablemente, sí.
Sobre todo, despues de la firma del protocolo de Kioto, y después
de que las políticas energéticas de los países
desarrollados estén cada vez más influidas por los
controles de impacto ambiental demandados desde numerosos ámbitos
sociales y políticos.
Actualmente, la lucha contra el cambio climático
se percibe como una urgencia; en la Unión Europea existe
un compromiso para reducir las emisiones causantes del efecto invernadero
en un 8%, tomando como referencia los niveles de 1990. España,
debido a su menor grado de industralización, podrá
aumentar sus emisiones hasta en un 15%. Si tenemos en cuenta que
el 94% de las emisiones de CO2 provienen de la industria
energética, encontraremos una sencilla conexión entre
ambos mundos. No obstante, y a pesar de los buenos propósitos,
no parece posible cumplir los objetivos marcados en Kioto.
La Unión Europea estima que para el año
2020 los países responsables de las mayores emisiones de
dióxido de carbono a la atmósfera serán China
e India. Este hecho tiene mucho que ver con la adaptación
tecnológica que permite el uso del gas natural; en la Unión
Europa parece posible continuar con el proceso de sustitución
del petróleo y el carbón por el gas, que aporta menores
niveles de contaminación, pero en términos de impacto
ambiental a escala mundial esto no tendría demasiada repercusión.
En la actualidad, muchos organismos públicos
ya han comenzado a aplicar normativas energéticas destinadas
al ahorro y la promoción de energías renovables; así,
España prepara una certificación energética
para las viviendas, mientras que el Ayuntamiento de Sevilla, en
mayo de 2002, anunció la instalación de paneles solares
en todos los edificios de nueva construcción.
En resumen: ¿cuál es la energía
del futuro?
La respuesta a esta pregunta no debe buscarse en
una fuente de energía en particular. Casi todas ellas van
a seguir utilizándose, por motivos diversos. Unas veces,
por las imposiciones económicas o sociales; otras, en cambio,
estarán condicionadas a su futuro desarrollo tecnológico.
El cuadro siguiente pretende resumir el estado actual
de las cosas, con las principales ventajas e inconvenientes de cada
una de las fuentes:
| |
A
favor |
En
contra |
Problemas
socioeconómicos y tecnológicos |
| Petróleo |
Energía barata y muy
usada
Los precios se mantienen relativamente estables en los últimos
años |
Muy contaminante
Excesiva dependencia mundial de unas pocas fuentes
Recurso limitado |
Su sustitución supondría
un esfuerzo muy grande para adaptar la tecnología |
| Carbón |
Todavía soporta a una
industria de considerable peso
Recurso relativamente abundante |
Muy contaminante
Escasa productividad
Recurso limitado |
|
| Gas
natural |
Menos contaminante que el
petróleo |
Recurso limitado |
Necesidad de inversiones para
su aprovechamiento |
| Energía
de fisión |
Gran productividad
Materia prima abundante en países políticamente
estables
No produce emisiones de dióxido de carbono |
Riesgo de accidentes
Provoca residuos radiactivos de larga duración
Alto coste de desmantelamiento de centrales |
Necesidad de un nivel tecnológico
elevado
Necesidad de controles y medidas de seguridad
Alarma social y rechazo de la población |
| Energía
fusión en caliente |
Multiplica la productividad
de la fisión
Poco contaminante: menos residuos radiactivos y de corta duración
Materia prima inagotable |
Seguiría dejando residuos |
Todavía en periodo
de desarrollo, no estará disponible a corto plazo |
| Energía
fusión en frío |
Multiplica la productividad
de la fisión
Poco contaminante: menos residuos radiactivos y de corta duración
Materia prima inagotable
Mucho más barata que la fusión en caliente |
Seguiría dejando residuos |
En desarrollo, pero con un
nivel de inversiones mucho menor que la fusión en caliente |
| Renovables |
No contaminan
Recusos inagotables
Disponible en casi cualquier zona |
Menor productividad
Otras formas de impacto ambiental y paisajístico |
Las inversiones todavía
son altas
Algunas tecnologías todavía necesitan desarrollarse
|
En cualquier caso, hay que tener en cuenta que no
existe ninguna fuente de energía capaz de abarcar por sí
sola toda la demanda del mercado. Lo más razonable parece
ser utilizar cada una de las fuentes de acuerdo a sus posibilidades;
así, la energía solar ha demostrado su utilidad en
satélites espaciales, relojes, calculadoras (con el consiguiente
ahorro de pilas, muy contaminantes) y cualquier dispositivo para
el cual no sea rentable la conexión a la red eléctrica;
en un futuro, quizá se aplique de forma generalizada al consumo
doméstico. El petróleo seguirá siendo la fuente
principal para la elaboración de combustibles en transportes
(sería difícil sustituir los motores de combustión
actuales, especialmente por motivos económicos), el gas continuará
su crecimiento en los países desarrollados, mientras que
la energía nuclear deberá afrontar el rechazo social
existente en muchos países y esperar el desarrollo de la
fusión. Para muchos, se trata de la próxima revolución.
Al margen de consideraciones más o menos futuristas, la teoría
dice que podría acabar con los problemas de abastecimiento
y contaminación; aunque su aplicación práctica,
cuando llegue, quizá matice estas idílicas perspectivas.
Lo que sí queda claro es que, prescindiendo
de consideraciones económicas y técnicas, la fusión
(especialmente la realizada en frío, por su ahorro de costes)
es la alternativa con más futuro. De poder ser desarrollada,
haría realidad la existencia de una energía barata,
limpia e inagotable.
Protocolo
de Kioto sobre el cambio climático
United
Nations Framework on Climate Change
Intergovernmental
Panel on Climate Change
Bibliografía
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