La toxicomanía genera problemas sociales graves, generalizados y costosos. Independientemente de que el abuso de sustancias sea un pecado, un delito, una mala costumbre o una enfermedad, la sociedad tiene derecho a esperar que una política pública o un planteamiento eficaz para abordar el "problema del abuso de drogas" sirva para disminuir la delincuencia, el desempleo, la disfunción de las familias y el uso desproporcionado de servicios de atención médica causados por las drogas.
La mejor base de cualquier iniciativa de prevención del uso indebido de sustancias nocivas por los jóvenes es una evaluación de la situación local y una buena planificación.
Antes de evaluar la situación, es preciso prepararse ampliando los contactos, capacitando al personal y recogiendo la información necesaria. De este modo, se puede iniciar la evaluación y se obtendrá una clara imagen del problema y los recursos. Además, si se realiza correctamente, la evaluación de la situación local puede aportar aún más; puede ser una excelente forma de atraer desde el comienzo a los grupos de jóvenes a quienes va dirigida esta labor y a otras personas.
Lo primero que hay que hacer antes de emprender la evaluación de la situación local será decidir qué información es necesaria para comprender la situación del uso indebido de sustancias nocivas en nuestra comunidad.
Partimos de la premisa de que el uso indebido de sustancias nocivas en una comunidad se debe a la interacción de muchos factores diferentes, por lo que para evitar que en una comunidad concreta surja un problema de uso indebido de sustancias nocivas es preciso entender, cuáles son los factores que hacen que las personas (jóvenes) corran peligro de usar esas sustancias en forma indebida (factores de riesgo) y cuáles los protegen (factores de protección).
La presentación de las conclusiones de la evaluación de la situación local brinda una excelente oportunidad de atraer la participación de diversos grupos de la comunidad, como dirigentes políticos, escuelas, otros organismos clave y los medios de información.
En cada comunidad, hay muchos factores de riesgo y de protección que determinan la índole y el alcance de los problemas de uso indebido de sustancias. Por consiguiente, sólo se puede encarar el problema mediante una combinación de actividades en que se tengan en cuenta los factores de riesgo y de protección.
- Desarrollar las aptitudes personales y sociales
Las sesiones deben ser interactivas y han de brindar
a los participantes la oportunidad de probar sus
aptitudes en un entorno seguro.
- Trabajar con las familias
Mejorar la capacidad de los padres para educar
a sus hijos y sus dotes de comunicación, al
igual que su conocimiento de las sustancias. Se debe
abordar el tema del uso indebido de sustancias por
los padres o los hermanos mayores.
- Mejorar los recursos de la comunidad
Formación profesional para jóvenes;
servicios de colocación en empleos; oportunidades
de pasar el tiempo libre de manera divertida y que
sea estimulante; servicios sociales y de atención
de salud a los que los jóvenes puedan recurrir
con facilidad (a través de la reorientación
de los servicios existentes o creando otros nuevos).
- Disponibilidad
Establecer zonas en las que esté prohibido
consumir sustancias. Movilizar a la comunidad para
que se respeten las normas sobre sustancias lícitas.
Contactar con los organismos encargados de hacer
cumplir la ley a fin de que las normas sobre sustancias
ilícitas se apliquen de manera eficaz y respetando
los derechos humanos.
- Valores culturales
Promover valores culturales, normas, modelos de conducta
y mensajes en los medios de información que
en lugar de fomentar el uso indebido de drogas alienten
un modo de vida sano y responsable.
- Información sobre las sustancias
Dar información científicamente fundada,
exacta y equilibrada sobre las sustancias y sobre su
uso indebido.
- Conseguir que los jóvenes destinatarios
participen en el proceso de movilización
El grupo al que es más importante movilizar
es el grupo destinatario, es decir, los jóvenes
que consumen sustancias o que corren el riesgo de hacerlo.
Parte de la dificultad de lograr la participación de los jóvenes destinatarios reside en que es muy probable que su nivel de desarrollo y de conocimientos varíe. Los jóvenes no suelen tener los conocimientos técnicos necesarios y una visión de la situación lo suficientemente amplia como para permitirles participar junto a los adultos en la planificación.
Cuanto más participe el grupo de destinatarios en la planificación, mayores probabilidades habrá de diseñar planes y actividades que interesen al grupo y a sus coetáneos.