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Diciembre 2005

Especial cocaína

Introducción

Los problemas relacionados con el consumo de drogas afectan de una u otra manera al conjunto de la sociedad. En España un millón de familias sufren de cerca las consecuencias de las drogas o del abuso de alcohol. La cocaína está de moda en España. Se ha posicionado en la última década de forma lenta, progresiva y, al mismo tiempo, silenciosa, en el grupo de drogas ilegales cuyo consumo genera más "problemas". Existe una estrecha relación entre su consumo y los casos de morbilidad y mortalidad, enfermedades sociales así como con actos delictivos y violencia.

En los últimos años el colectivo consumidor se ha ido diversificando. El grupo de consumidores es cada vez más joven.

En nuestro país existe ya un extenso bagaje de investigaciones sobre drogas, sin embargo estas siguen siendo insuficientes debido básicamente a la rapidez con que cambian las modas de consumo así como la permeabilidad del contexto social en incorporar nuevas sustancias. El consumo actual de cocaína sigue abriendo interrogantes acerca de los ideales sociales, de los valores que se transmiten a las nuevas generaciones y cómo éstas se preparan para construir su propia sociedad.

Existe estrecha relación de la cocaína con la búsqueda de placer, la diversión, como ingrediente privilegiado del ritual entre amigos, como fetiche de celebraciones importantes, anzuelo para "ligar", mercancía de negocio y sustancia maligna con capacidad de posesión para aquellos que entran en un proceso adictivo.

La tendencia está claramente en que el consumo sigue aumentando entre los jóvenes, baja el precio en el mercado y se mantiene la idea de que es una droga de personas "con prestigio" lo que le otorga una carga simbólica importante, como sustancia de alto estatus, pero esta imagen se ha ido haciendo cada vez más compleja dando respuesta así a otros tipos de necesidades.

La cocaína se ha diferenciado, en un primer momento, de otras sustancias por ser más costosa y formar parte de un estilo de consumo de personas adultas, dinámicas, con responsabilidad y abocadas a una vida social intensa. Pero junto a ese colectivo de personas adultas han ido apareciendo otros nuevos consumidores, en especial los jóvenes y adolescentes y con ello creando una dinámica de cambio y continuidad. La cocaína mantiene la etiqueta de sustancia líder, de sustancia prestigiosa y amuleto del poder. Pero en la medida que entra en nuevos colectivos también cambian las formas en que se consume y sus consecuencias.

Aunque el repertorio de las razones de su consumo es muy variado hay un eje que les da cierta unidad: el deseo de superar límites individuales físicos y psíquicos que permitan estar más activos y sentir placer en el lugar y tiempo que se considera apropiado.

La cocaína responde a ideales positivos (placer, diversión, éxito, prestigio), se ajusta a mecanismos muy valorados (inmediatez, eficacia, magia) y se ha vinculado a personas de posición social alta quienes construyen su significado y lo transfieren a otros grupos. Por todo ello es más complejo describir el lado perverso del consumo, porque la cocaína disfruta de una protección cultural elaborada entre quienes participan en su consumo y su distribución.

La cocaína es la sustancia "reina" y lo es porque como sustancia tiene efectos más poderosos que otras sustancias en el logro de objetivos socialmente muy preciados.

Para hacer frente al uso abusivo de las drogas es necesario influir en la definición de los espacios culturales y sociales –especialmente los que tienen que ver con la diversión-, elaborando nuevos mitos y utopías.

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