Especiales Tecnociencia  
Abril 2002
Atapuerca: 25 años de un proyecto de investigación
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El proyecto de investigación
Atapuerca no es un conjunto arqueológico cualquiera, como queda de manifiesto en su declaración, en diciembre de 2000, como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es uno de los yacimientos más importantes del mundo para conocer la Prehistoria y representa la clave de la evolución humana en Europa. Además, tres de sus principales yacimientos permiten conocer el origen y desarrollo de los neandertales, y el descubrimiento del Homo antecessor, hace pensar que nos encontramos ante la primera especie que pobló Europa en el Pleistoceno Inferior (1,7 mill. a 780.000 años).

Los yacimientos de la Sierra de Atapuerca (al este de Burgos) fueron descubiertos fortuitamente, como muchos de los grandes hallazgos arqueológicos, cuando, a finales del siglo XIX, quedaron expuestos al cortarse la Sierra para la construcción del ferrocarril minero Monterrubio de la Demanda – Villafría, para el transporte de minerales de combustión desde La Demanda hasta la línea que conducía a los altos hornos, en Vizcaya.


De este hecho tomó su nombre la Trinchera del Ferrocarril, una de las zonas en las que se divide el conjunto arqueológico de Atapuerca y en la que se sitúan tres de sus yacimientos principales: Trinchera Galería (con la Trinchera Zarpazos), Trinchera Dolina y Trinchera Elefante o “Sima del Elefante”. La otra zona, a menos de un kilómetro de la primera, es Cueva Mayor, que acoge dos yacimientos: el Portalón, en la entrada, y la Sima de los Huesos, a medio kilómetro del primero.

Los antecedentes del proyecto de investigación en Atapuerca, del que se cumplen 25 años, se remontan a 1910, cuando el complejo de Cueva Mayor, con sus manifestaciones de arte rupestre, su yacimiento de la Edad del Bronce en la rampa de acceso y el de el Portalón de entrada, fue descubierto por el arqueólogo Jesús Carballo; ya entonces, se hallaron restos de fauna fósil y cerámicas en el interior de la cueva.

La presencia de arte rupestre atrajo el interés de Hugo Obermeier (autor de El Hombre Fósil, 1916) y del abate Henri Breuil (uno de los padres de los estudios sobre arte rupestre en Francia), quien clasificó las pinturas como paleolíticas (la cabeza de caballo de el Portalón) y postpaleolíticas (las representaciones abstractas de la llamada Galería del Silo).

La primera vez que se menciona la presencia de restos de fauna fósil en los yacimientos arqueológicos y paleontológicos de la Trinchera del Ferrocarril, es en los años cincuenta, gracias a las investigaciones realizadas en las cavidades de la Sierra de Atapuerca, por el Grupo Espeleológico Edelweiss (GEE) de Burgos.

Pero es en los años sesenta cuando Francisco Jordá realiza las primeras excavaciones en la Trinchera y en Cueva Mayor, atribuyéndolos al Paleolítico Inferior, con industria Achelense, y es cuando, mediante el análisis de los restos de fauna, se propone una primera datación del yacimiento de la Trinchera: 500.000 años.

En la década de los setenta, el GEE descubre una rama lateral de Cueva Mayor, a la que se llamó Galería del Sílex, en la que se identificó, basándose en la aparición de grandes paneles de pinturas y grabados rupestres, lo que se interpretó como un santuario prehistórico, con una cronología que se extendía desde el Neolítico hasta la Edad del Bronce. En él se encontraron muchos restos cerámicos, arte postpaleolítico, enterramientos de inhumación y una explotación de sílex, que dio nombre a la galería. Entre 1973 y 1983 se excavó sistemáticamente en el Portalón de entrada a la cueva e investigaciones posteriores han otorgado a estos yacimientos una gran importancia para los estudios de la Prehistoria reciente.

Excavaciones más sistemáticas en los yacimientos de la Sierra de Atapuerca llegarán a finales de los años setenta, gracias al ingeniero de minas Trinidad Torres, que realizaba su tesis doctoral sobre los úrsidos del Pleistoceno en la Península Ibérica, bajo la dirección de Emiliano Aguirre, catedrático de Paleontología humana en la Universidad Complutense de Madrid. A T. Torres se debe la denominación actual de los yacimientos de Gran Dolina, Galería y Sima del Elefante, donde realizó sendas excavaciones.

A pesar de la importancia arqueológica y paleontológica que estos yacimientos de la Trinchera demostraron tener, T. Torres volvió a interesarse por Cueva Mayor y realizó una intervención en la Sima de los Huesos para extraer huesos de oso. Y fue entonces cuando aparecieron los primeros restos humanos, unos fragmentos de mandíbula, que se atribuyeron al que se llamó “Hombre de Atapuerca”, estudiados por primera vez por Emiliano Aguirre.

Por los restos de osos, se dedujo la gran antigüedad del yacimiento y, dada su importancia, se planteó en 1977 el proyecto de investigación: Excavaciones en el yacimiento de fósiles humanos de la Sierra de Atapuerca (trienio 1977-1979), que pretendía conocer la evolución humana en Europa durante el Pleistoceno Medio (780.000 a 127.000 años).

En 1978 se iniciaron las excavaciones en los yacimientos de Trinchera del Ferrocarril y, a partir de 1983, en la Sima de los Huesos de Cueva Mayor. Su director fue Emiliano Aguirre, desde 1978 hasta 1990.