Atapuerca no es un conjunto arqueológico cualquiera,
como queda de manifiesto en su declaración, en diciembre de
2000, como Patrimonio
de la Humanidad por la UNESCO. Es uno de los yacimientos
más importantes del mundo para conocer la Prehistoria y representa
la clave de la evolución humana en Europa. Además, tres de sus
principales yacimientos permiten conocer el origen y desarrollo
de los neandertales, y el descubrimiento del Homo
antecessor, hace pensar que nos encontramos ante la
primera especie que pobló Europa en el Pleistoceno Inferior
(1,7 mill. a 780.000 años).
Los yacimientos de la Sierra de Atapuerca (al este de Burgos)
fueron descubiertos fortuitamente, como muchos de los grandes
hallazgos arqueológicos, cuando, a finales del siglo XIX, quedaron
expuestos al cortarse la Sierra para la construcción del ferrocarril
minero Monterrubio de la Demanda – Villafría, para el transporte
de minerales de combustión desde La Demanda hasta la línea que
conducía a los altos hornos, en Vizcaya.
De este hecho tomó su nombre la Trinchera del Ferrocarril,
una de las zonas en las que se divide el conjunto arqueológico
de Atapuerca y en la que se sitúan tres de sus yacimientos principales:
Trinchera Galería (con la
Trinchera Zarpazos), Trinchera
Dolina y Trinchera Elefante o “Sima
del Elefante”. La otra zona, a menos de un kilómetro de la primera,
es Cueva Mayor, que acoge dos yacimientos: el Portalón,
en la entrada, y la Sima de los Huesos, a medio
kilómetro del primero.
Los antecedentes del proyecto de investigación en Atapuerca,
del que se cumplen 25 años, se remontan a 1910, cuando el complejo
de Cueva Mayor, con sus manifestaciones de arte rupestre, su
yacimiento de la Edad del Bronce en la rampa de acceso y el
de el Portalón de entrada, fue descubierto por el arqueólogo
Jesús Carballo; ya entonces, se hallaron restos de fauna
fósil y cerámicas en el interior de la cueva.
La presencia de arte rupestre atrajo el interés de Hugo Obermeier
(autor de El Hombre Fósil, 1916) y del abate Henri Breuil
(uno de los padres de los estudios sobre arte rupestre en Francia),
quien clasificó las pinturas como paleolíticas (la cabeza de
caballo de el Portalón) y postpaleolíticas (las representaciones
abstractas de la llamada Galería del Silo).
La primera vez que se menciona la presencia de restos de fauna
fósil en los yacimientos arqueológicos y paleontológicos de
la Trinchera del Ferrocarril, es en los años cincuenta, gracias
a las investigaciones realizadas en las cavidades de la Sierra
de Atapuerca, por el Grupo Espeleológico Edelweiss (GEE)
de Burgos.
Pero es en los años sesenta cuando Francisco Jordá realiza
las primeras excavaciones en la Trinchera y en Cueva Mayor,
atribuyéndolos al Paleolítico Inferior, con industria
Achelense, y es cuando, mediante el análisis de los restos
de fauna, se propone una primera datación del yacimiento de
la Trinchera: 500.000 años.
En la década de los setenta, el GEE descubre una rama lateral
de Cueva Mayor, a la que se llamó Galería del Sílex, en la que
se identificó, basándose en la aparición de grandes paneles
de pinturas y grabados rupestres, lo que se interpretó como
un santuario prehistórico, con una cronología que se extendía
desde el Neolítico hasta la Edad del Bronce. En él se encontraron
muchos restos cerámicos, arte postpaleolítico, enterramientos
de inhumación y una explotación de sílex, que dio nombre a la
galería. Entre 1973 y 1983 se excavó sistemáticamente en el
Portalón de entrada a la cueva
e investigaciones posteriores han otorgado a estos yacimientos
una gran importancia para los estudios de la Prehistoria reciente.
Excavaciones más sistemáticas en los yacimientos de la Sierra
de Atapuerca llegarán a finales de los años setenta, gracias
al ingeniero de minas Trinidad Torres, que realizaba
su tesis doctoral sobre los úrsidos del Pleistoceno en la Península
Ibérica, bajo la dirección de Emiliano Aguirre, catedrático
de Paleontología humana en la Universidad Complutense de Madrid.
A T. Torres se debe la denominación actual de los yacimientos
de Gran
Dolina, Galería y Sima del Elefante, donde
realizó sendas excavaciones.
A pesar de la importancia arqueológica y paleontológica que
estos yacimientos de la Trinchera demostraron tener, T. Torres
volvió a interesarse por Cueva Mayor y realizó una intervención
en la Sima de los Huesos para extraer
huesos de oso. Y fue entonces cuando aparecieron los primeros
restos humanos, unos fragmentos de mandíbula, que se atribuyeron
al que se llamó “Hombre de Atapuerca”, estudiados por primera
vez por Emiliano Aguirre.
Por los restos de osos, se dedujo la gran antigüedad del yacimiento
y, dada su importancia, se planteó en 1977 el proyecto de investigación:
“Excavaciones en el yacimiento de fósiles humanos
de la Sierra de Atapuerca (trienio 1977-1979)”, que
pretendía conocer la evolución humana en Europa durante el Pleistoceno
Medio (780.000 a 127.000 años).
En 1978 se iniciaron las excavaciones en los yacimientos de
Trinchera del Ferrocarril y, a partir de 1983, en la Sima de los Huesos de Cueva
Mayor. Su director fue Emiliano Aguirre, desde 1978 hasta 1990.